Nuestra trayectoria

Nuestra Trayectoria

La Fundación Acesco es el resultado de dos importantes esfuerzos que la precedieron: La Fundación Darío Maya Botero, en el Oriente de Caldas, y la Fundación Huellas, en Malambo, Atlántico.

En efecto, en 1988 un grupo de empresarios de la familia Escobar, oriundos de Pensilvania, Caldas, decidieron crear la Fundación Darío Maya Botero, bautizada así en agradecimiento a un reconocido líder popular de la región.  Su objetivo se centró en mejorar las condiciones económicas de la población del oriente del departamento y de esta manera compartir los buenos resultados de sus emprendimientos.  

En un comienzo la Fundación se enfocó en la consolidación, a través de crédito y capacitación, de microempresas madereras en Pensilvania. Dos emprendimientos surgidos de este proceso han logrado hoy abrir mercados de exportación.

Posteriormente la Fundación creó e impulsó dos microempresas (una de confecciones y otra de calzado) para generar empleo en el pueblo. Esta experiencia aunque significativa, llevó a la Fundación a concluir que su función no era la generación de negocios, sino el fortalecimiento de las empresas de la comunidad. Por ello, hacia 2005 entregó las microempresas a líderes comunitarios que se hicieron cargo y las mantienen en funcionamiento hoy en día.

Ya hacia 2001 y atendiendo a la fuerte vocación agrícola de la región del Oriente de Caldas, la Fundación había comenzado a desarrollar proyectos productivos agrícolas, apoyando la comercialización de sus productos bajo los criterios de competitividad, sostenibilidad y equidad. 

Tales proyectos comenzaron más en firme en 2006 y desde ese momento sus esfuerzos se han orientado a fortalecer las cadenas productivas, a buscar la integración del sector rural y a promover su inclusión en diferentes programas de impacto social, económico y ambiental para la región, en armonía con el adecuado aprovechamiento de los recursos naturales.

Nuestra Trayectoria

Con la experiencia adquirida a través de la Fundación Darío Maya Botero en el Oriente de Caldas, se decidió iniciar la labor fundacional en la zona de Malambo, Atlántico, para lo cual se creó la Fundación Huellas, en 1998, gracias al respaldo económico y corporativo de Acesco, Pimsa, Puerto Pimsa y Aceros Cortados, empresas del Grupo Escobar que operan en esa zona. 

Con el deseo de apoyar a una maestra desplazada, “la seño Rosa”, quien con ayuda de algunos padres del barrio Villa Esperanza de Malambo, dictaba clases a un grupo de 12 niños(as) en condiciones muy precarias. Esta iniciativa más tarde se convertiría en la Corporación Educativa Huellas de la Esperanza,  la cual, gracias al apoyo de la Fundación Acesco y del Fondo de donaciones “Ezequiel Barrios” (conformado por empleados de Acesco), hoy atiende anualmente a más de 200 niños y niñas en condiciones de alta vulnerabilidad, ofreciendo educación básica desde el nivel del preescolar hasta 5o de primaria,  mediante una propuesta de formación innovadora fundamentada en el enfoque pedagógico conceptual.

Para 2004 la Fundación construyó el  Centro Comunitario Huellas, ubicado en el barrio El Tesoro, en un área de 27.000 m2. Allí funciona la “Corporación Educativa Huellas de la Esperanza”, así como otros espacios para el encuentro y la actividad comunitaria, lo cual ha permitido que la Fundación logre consolidar una amplia capacidad de convocatoria (más de 3.000 beneficiaros directos).  

Nace la Fundación Acesco

En 2012 los gestores de ambas fundaciones comenzaron a pensar en fusionarlas en un solo núcleo. Para ello adelantaron durante parte de ese año y 2013 un proceso de planeación estratégica que propuso la creación de una sola Fundación, la Fundación Acesco con dos regionales, la del Oriente de Caldas y la del Atlántico, y un propósito central: el fortalecimiento de cadenas productivas, la formación y el acompañamiento al desarrollo municipal, localizado en las zonas donde tiene sus plantas de producción Acesco.